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Puedes estar cumpliendo con todo… y aun así desconectándote de quienes trabajan contigo. En el foco de entregables, reuniones virtuales y cumplimiento de objetivos, puedes terminar creyendo que todo se mide en resultados. Pero fácilmente puedes olvidar algo esencial: el trabajo ocurre justamente porque te relacionas con otros. Estás conectado, compartes un espacio virtual, pero en medio de esa distancia también puedes perder algo emocional, algo del vínculo. Y ahí vale la pena detenerte a mirar:

  • Reuniones en las que no participas realmente.
  • Decisiones que tomas sin considerar al otro.
  • Mensajes cortos con los que buscas evitar conflicto.
  • La cámara apagada como forma de desconexión.

Trabajar a distancia puede hacer que todo se vuelva más funcional, más rápido, más “eficiente”. Pero también puede facilitar que evites, supongas o te desconectes emocionalmente. Entonces la pregunta deja de ser solo qué estás logrando y empieza a ser cómo lo estás haciendo.

  • ¿Cómo respondes cuando algo no sale como esperabas?
  • ¿Cómo interpretas el silencio de alguien en una reunión?
  • ¿Cómo manejas el desacuerdo cuando todo pasa por una pantalla?

Tus interacciones en remoto están mediadas por la tecnología, pero la forma en que usas esa tecnología también muestra cómo te relacionas. Ahí aparece tu humanidad.

Te relacionas para un fin, una intención: alcanzar resultados. Pero la relación no es solamente un medio para producir; también es un proceso, una forma de estar con otros. Y ahí surge una pregunta importante: ¿desde qué posición te relacionas? ¿Buscas ganar frente al otro? ¿Ganar con el otro? ¿O ganar contra el otro?

A veces puedes entrar, sin darte cuenta, en dinámicas donde necesitas ganar mientras el otro pierde: cerrarte emocionalmente, asumir intenciones, evitar conversaciones incómodas o competir desde la distancia. Y aunque eso pueda parecer funcional en el corto plazo, con el tiempo termina desgastando el vínculo. Lo complejo es que, en lo virtual, esto puede pasar desapercibido durante mucho tiempo.

Por otro lado, una relación enfocada en que ambos ganen no implica estar de acuerdo en todo ni tener cercanía con todas las personas. Implica algo más sutil: reconocer al otro incluso cuando no lo ves, cuidar el vínculo incluso cuando lo urgente parece más importante.

Y quizás ahí está una de las partes más importantes de las relaciones laborales: no solo hablan del equipo o de la empresa. También hablan de ti. De cómo gestionas la incertidumbre, de cómo reaccionas frente a la diferencia, de qué tan disponible estás emocionalmente para encontrarte con otros, incluso cuando no es cómodo.

Tal vez valga la pena preguntarte: ¿qué están mostrando tus relaciones laborales sobre ti en este momento? ¿Realmente te estás encontrando con otros o solo estás coordinando tareas?

Porque muchas veces crees que el problema está únicamente en el líder, en el equipo o en la dinámica de los clientes o la forma de negociación del otro. Pero algunas relaciones activan inseguridades, miedos o formas de defenderte que vienes cargando desde hace tiempo. Tal vez controlas porque te cuesta confiar. Tal vez evitas conversaciones difíciles porque el conflicto te incomoda más de lo que quisieras aceptar. O quizá necesitas validarte constantemente a través del rendimiento.

Entonces la pregunta ya no es solo con quién trabajas, sino desde qué lugar emocional te estás relacionando.

Y quizá, si observas eso con atención, puedas empezar a entenderte mejor. Pero también abrir la posibilidad de crecer en tu trabajo a través de una manera más consciente y humana de relacionarte.